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Estudiante de Actuario en administración (UBA)

sábado, 16 de julio de 2016

La vida simplista de clase media-baja en el siglo XXI

En esta oportunidad quiero hacer una pequeña reflexión en un tema totalmente alejado a mis anteriores publicaciones; gustaría de hablar sobre el estilo de vida que estamos teniendo la mayoría como sociedad, la importancia innecesaria que estamos dándole al dinero y la supresión masiva a nuestros proyectos.

Comento que siempre desde pequeña se me inculcó la idea de estudiar, terminar el secundario, seguir una carrera universitaria popular, conseguir un trabajo de 9 horas para financiar los estudios, casarme, tener hijos y finalmente ayudar a mi hijo a que cumpla exactamente el mismo ciclo.
Pues bien, terminé el secundario en término con una orientación en la administración de empresas, al año siguiente me inscribí en el CBC para ser actuaria en administración, una carrera que creí original y que suena lindo al mencionarla cuando te preguntan qué carrera estás haciendo. Logré aprobar las 6 materias en un sólo año, lo cual me levantó mucho el autoestima ya que, según se rumorea en los pasillos, no es fácil conseguirlo.
En fin, todo iba bien hasta que infelizmente para dedicarse a una carrera universitaria hay que tener dinero tanto para los apuntes, como libros y hasta incluso el pasaje todos los benditos días hasta el centro. Ahí es cuando comienzo la exhaustiva tarea de ser una joven sin experiencia laboral que necesita un trabajo de medio tiempo para poder cursar y trabajar a la vez.
Todos sabemos que aunque los jóvenes tenemos muchas energías y voluntad de aprender a realizar lo que sea, las empresas no están dispuestas a gastar parte de su tiempo en una mini capacitación de jóvenes inexperientes o al menos no la mayoría. Es muy común y hasta frustrante ver que la mayoría de los trabajos exigen experiencia de mínimo 2 años y los que no exigen absolutamente nada son los trabajos más esclavizadores que en la vida haya  visto; en mi caso fue tener que trabajar de telemarketer en una oficina donde se nos prometía estar en blanco pero sin embargo junto con un par de papeles que ni siquiera eran parte del contrato de trabajo, aparecía una hoja explicandome los pasos a seguir de cómo tramitar mi monotributo. Mi trabajo simplemente era abrir en la pc una guía telefónica online y comenzar a llamar al titular de la linea (a veces estaba vivo, otras veces el titular se había mudado y otras tantas veces el titular lamentablemente ya había fallecido) para convencerlo de entregar su número de tarjeta de crédito para que se le descuente mensualmente tantos pesos por mes por un seguro que me decían mis jefes que tenía que vender pero que ni siquiera sabía si "Liberty Seguros" estaba enterado del antro donde estaba yo trabajando vendiendo sus productos. Como no estaba muy cómoda con esa situación de vender y de recibir tantos malos tratos por 7 horas, lo mejor que me pudo pasar fue que mis jefes se hayan dado cuenta y me hayan despedido.
Algo a destacar, es que por más que le pongas mucho esfuerzo, trabajar y estudiar no van de la mano; es muy difícil conseguir mantener buenas notas, satisfacer a un jefe y tener vida social al mismo tiempo por eso admiro a quienes tienen esa fuerza de voluntad día tras día.
Así es como infelizmente, en el anhelo de tener mi propio dinero sólo hacía los intensivos de una materia en el invierno y trabajaba 5 dias a la semana, 9 horas en una oficina en microcentro. Para las chusmas del barrio, era una joven ejemplar ya que estaba haciendo una carrera y trabajaba como una esclava todo el día... porque claro eran ocho horas de trabajo más una de almuerzo pero a eso hay que sumarle levantarse dos horas más temprano para tomar el colectivo, tren y subte (si es que la noche anterior no te anticipan que va a haber demoras, paro o algo por el estilo) y las mismas 2 horas para volver a tu casa siempre y cuando los gremialistas de transportes públicos no vengan a hacer una protesta salarial o por el estilo justo en la HORA PICO.
La verdad no me puedo quejar de ese trabajo, era esclavizada pero cuando me convencía de largar todo llegaba por suerte ese bendito quinto día hábil del mes que me permitía comprarme mil cosas innecesarias.
El problema de todo esto viene cuando te replanteás en la ida o en la vuelta del transporte público, con la mirada fija a la ventanilla, si realmente sos feliz o si es el lugar en donde realmente querés estar. Creo que varios concordaremos en que la mayoría no trabaja de lo que quiere, muchos tenemos proyectos y/o sueños que queremos realizar pero siempre está presente ese miedo al fracaso que nos hace permanecer estancados y conformarnos con la vida que llevamos sin siquiera intentarlo una vez, suprimiendo felicidad espiritual con dinero y objetos materiales. 
Siendo así, no sé si quiero pasar mi vida entera odiando mi trabajo, maldiciendo los lunes y anhelando mis dos semanas de vacaciones anuales. Deberíamos emprender más en lo que nos gusta, materializar nuestros sueños y no taparlos con algo tan insulso cuanto dinero.

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